Cerrajería Artística Gutiérrez
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QUIÉNES SOMOS.

 

Cerrajería Artística Gutiérrez es una empresa familiar de artesanos del hierro que desde 1985 lleva transformando uno de los metales más preciados de la Tierra para hacer realidad sus sueños.

 


 

A CONTINUACIÓN PUEDE DISFRUTAR CON UN POCO DE HISTORIA.

 

EL HOMBRE Y EL HIERRO

 

La Edad de Hierro, que sigue a la de Piedra y a la de Bronce en la Prehistoria humana, se sitúa en torno al año 1000 a.c. aunque se sabe que en el año 3000 a.c. los egipcios usaban hachas de hierro y que los guerreros Hititas de Asia Menor luchaban con espadas forjadas.


A pesar de ser el metal más abundante en la naturaleza, su difusión fue muy lenta, debido al hecho de que los primeros trabajadores del hierro desconocían la necesidad de reducir su contenido en carbono y que el hierro fundido obtenido en un primer y rudimentario horno de barro y lleno de impurezas, debía ser de nuevo calentado y forjado para obtener el mineral duro y maleable que conocemos ahora.


Estamos hablando del nacimiento del hierro forjado y de la figura del herrero, visto, con sorpresa, como un demiurgo, capaz de transformar la materia con ayuda del agua y el fuego.


La mitología griega primero, con Hefesto, y después la romana con Vulcano, consagraron definitivamente al herrero y a su actividad, confiriéndoles caracteres mágicos y poderes especiales, que, al menos en parte, conservaron durante mucho tiempo.


La habilidad para forjar el duro metal, cambiando sus propiedades físicas, colocaba al herrero al mismo nivel que el médico o el astrólogo y le hacía formar parte de la categoría de hombres cuyo trabajo, importantísimo para la humanidad, necesitaba de una fuerza divina y un trato especial por parte de los dioses.


Así nació la figura del herrero, visto como un ser especial, un hombre fuerte y a veces, un poco bruto, protegido por los dioses, al que le estaba permitido disfrutar de abundante vino, bebida de dioses. No muy diferente, después de todo, de su protector Hefesto (Vulcano), marido de la bella Afrodita (Venus), dios del fuego y del centro de la Tierra, temido por el mismo Zeus (Júpiter), padre de los dioses.


Los antiguos romanos, más prácticos y menos soñadores que los griegos, racionalizaron la figura del herrero. Había nacido el “homo faber”, el hombre capaz de hacer cosas con sus manos, el artesano. Productor de armas, en un principio, y ahora dedicado a la fabricación de objetos domésticos (“civiles”) que demandaba una sociedad evolucionada y cosmopolita como la romana.


Las invasiones de los Bárbaros, que acabaron con el Imperio Romano (quizá porque no todas sus puertas eran de hierro), aportaron una población que, aunque desconocedora del derecho, el latín, las calzadas y la arquitectura, demostró una extraordinaria maestría en la artesanía del hierro.


Nos tenemos que trasladar hasta cerca del año 1000 d.c. para que el hierro, trabajado por artesanos, se use como adorno en la construcción de iglesias y monasterios (Catedral de Winchester en Inglaterra o Notre Dame en París). A la sombra de los monasterios, nacieron las escuelas y centros propulsores de la artesanía del hierro y en el complejo monástico se desarrolló la artesanía del hierro  con una extraordinaria colaboración entre el trabajo de los monjes, provenientes de diversos lugares de Europa, y los herreros nómadas, que llevaban su arte y sus conocimientos por castillos y monasterios.


En la Edad Media la figura del herrero estaba todavía cubierta de un aura de misterio. Se encuentran documentos en varias ciudades que incluyen en sus leyes la prohibición de que el herrero ejercite la magia y el encantamiento y enseñe a sus aprendices ciertas artes satánicas, bajo pena de muerte.


La producción de hierro era aún escasa. Los hornos se situaban generalmente junto a las minas y eran simples plataformas de tierra refractaria (horno de fuego bajo) sobre los que se colocaba el hierro mezclado con carbón. En Cataluña, en el área de Barcelona, se inventó y desarrollo un tipo de horno, formado por un agujero en el suelo en el que se derretía el hierro (Horno Catalán) y gracias al cual se podía transformar el hierro en lingotes. A finales del siglo XIII, en Alemania, se introdujeron los “Stuckofen”, hornos verticales, que gracias a la aplicación de la energía hidráulica y del martillo mecánico conseguían grandes cantidades de hierro. Estos hornos supusieron una auténtica revolución.
Mientras en Europa perduraba el Gótico, en la Toscana italiana nace y se desarrolla una escuela nueva de artistas y pensadores que recibirá el nombre de Renacimiento (S. XV – XVI). Uno de los descubrimientos de este movimiento artístico fue la utilización de la perspectiva en pintura y en arquitectura lo que supuso la clara identificación de la proporción bien definida. Los mejores artistas y arquitectos de la época comenzaron a colaborar estrechamente con los herreros a quienes se les trató en igualdad, basada en el mutuo respeto como artistas.


El siglo XVII es el siglo del Barroco, sinónimo de énfasis y teatralidad. En la artesanía del hierro forjado se emplearán las excepcionales cualidades del hierro y los avances de la tecnología para obtener adornos cada vez más elaborados y fantasiosos.


En el siglo XVIII los diseños se volverán más elaborados, si cabe, con hojas formadas desde láminas y pintadas en azul y blanco para ensalzar su esplendor. Este periodo representa el culmen del hierro forjado y del herrero. Desvanecía su aureola de mago, queda en todos el convencimiento de que el herrero es un gran maestro que ejerce un arte admirable y cuyas habilidades deben resaltarse.


En el neoclásico (m. XVII-m. XVIII) comienza un declive en el uso del hierro. La arquitectura, copia de la austeridad clásica, con sus líneas rectas y simples estaba en contra de la artesanía creadora. Por primera vez el artesano sigue al proyectista que no concede nada a la fantasía creativa y a la interpretación del herrero. El uso frecuente del hierro fundido ayudó al decaimiento de este arte, que parecía no podía volver a levantarse.


Sólo a finales del siglo XIX con el movimiento Romántico se ve la posibilidad de volver al arte de la Edad Media, haciendo renacer la artesanía. En las fábricas de Boulanger, en Francia, el arquitecto Violet-le Duc reemprende el trabajo del hierro forjado devolviendo la dignidad y la vida a una artesanía casi muerta.


A finales del siglo XIX y principios del XX se desarrolló el llamado ART Nouveau o Floral (Liberty). El descubrimiento de la naturaleza y de su línea como elemento formal de los espacios en arquitectura proporciona nuevas posibilidades a los artesanos del hierro, que, ayudados por las nuevas tecnologías (máquina de vapor, soldadura de oxígeno,…) construyen puertas, balaustradas, escaleras, balcones, todo ello adornado con abundantes flores, frutas, pájaros y peces.
Con el “Movimiento Moderno” o “Racionalismo” (Le Corbusier, 1887 – 1965) la artesanía del hierro reconquista toda su dignidad.


En la Actualidad, sobrepasada la estéril discusión sobre la legitimidad o no de utilizar las técnicas modernas (soldadura eléctrica, hornos eléctricos, prensas, martillo pilón,…) estamos asistiendo a un renacimiento del hierro forjado, como manifestación de progreso, riqueza y creatividad, capaz de satisfacer la demanda tanto del creador como del usuario.
Es posible que algo mágico haya en el hierro forjado que le hará permanecer cerca del hombre durante el milenio que hemos comenzado.

 

CONÓZCA LAS DIFERENCIAS.


FORJAR.
Dar forma al  hierro, calentando al rojo, mediante golpes de martillo para darle dimensiones y características bien definidas. Comprende dos tipos de trabajo: trabajos de modelado y trabajos de mejora de la calidad.


HIERRO DULCE.
El hierro prácticamente puro o con muy poco contenido de carbono, apto para ser forjado.


HIERRO FUNDIDO.
Aleación de hierro y carbono cuyo contenido de este último es superior al 2,5% y que contiene otros metales e impurezas, lo que le hace no maleable y quebradizo. Los balaustres de hierro fundido se hacen en moldes y se parten con cierta facilidad.
HIERRO TEMPLADO.


El hierro calentado y enfriado de forma muy rápida para que conserve la estructura cristalina propia de las altas temperaturas.

 

 

 



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